La insurrección del súbdito: una crítica al sistema político liberal

Articulo escrito por Dante López Raggi

Jesucristo se refirió a su época como una "generación adúltera y pecadora" (Mc 9, 38), criticando así a aquellos que lo rodeaban. Asimismo, descalificó a "los hombres de su generación" por su similitud con los incrédulos y los que injuriaban a Juan el Bautista, quien era despreciado por no comer ni beber, mientras que Él mismo fue llamado "amigo de publicanos y pecadores" por compartir mesa con ellos (Lc 7, 31-35).

Manifiesto un profundo desdén hacia la realidad que se presentaba ante sus ojos, acompañado de un reconocimiento hacia los tiempos pasados de lealtad al Padre creador: “Mas el principio no fue así” (Mt 19,8). Este acontecimiento histórico resuena en la Argentina de hoy, donde en días recientes un sector del pueblo ha salido a las calles para confrontar a esa “generación adultera y pecadora” que se ha consolidado en el poder del estado criollo.

Hace un año, como es habitual, miles de personas acudieron a las urnas para ejercer su voto universal, convencidos de que la ley del número podría generar paz, equidad y justicia. Sin embargo, la realidad demuestra que este proceso siempre produce efectos contrarios. Martin Aberg Cobo ya lo había señalado:

Las leyes electorales sustentadas en lo que se llama sufragio universal, nos han conducido inexorablemente a esas conmociones tan lamentables y causantes de retrogradación en todos los órdenes de la vida nacional.

Cada día estoy más convencido de que la llamada democracia cuantitativa, la que se basa en el principio falso de que cada hombre-sufragante, ósea, de que cada ciudadano-elector es un voto y no vale ni más ni menos que un voto, va a ser desalojado por alguna estructuración estatal que posibilite la realidad de una democracia orgánica”.[1]

Con tal definición, se quiere que el supuesto soberano permanezca perpetuamente en un estado de engaño, atrapado en una situación aún más adversa. Ante tal desatino, Rousseau afirmó que "los electores creen ser libres, pero están equivocados. Una vez que los funcionarios son elegidos, el pueblo se convierte en un esclavo, en nada. Y en los breves instantes de libertad que experimenta, el uso que hace de ella lo lleva a perderla" (Contrato Social, lll, 15).

Por lo que, gracias al voto universal, o más precisamente, la mentira universal, como lo denominó acertadamente Pío IX, trajo consigo el presente Golem liberal conducido por un anarcocapitalista, llamado Javier Gerardo Milei. Desde su triunfo, hasta la fecha, utilizan la expresión como si fuera una verdad incuestionable: “la ciudadanía nos eligió para apoyar lo que estamos llevando a cabo”.

La afirmación que presentan es completamente errónea, ya que, como señaló Antonio Caponnetto, "el número no se relaciona con el bien y el éxito no es un indicador de verdad"[2]. La vida social se ve, por tanto, absorbida por la politicidad estatal debido al absolutismo del número, lo que resulta en la imposición de una supuesta fuerza numérica que establece la tiranía de la multitud en lugar de la del pueblo.

Por la tiranía del número, una minoría audaz se impone y establecerá sus propios intereses, dando lugar a la irracionalidad y al caos. Esta afirmación fue realizada por el sacerdote Julio Menvielle en su obra Concepción católica de la política:

Las democracias, todas las cuales no son sino una mezcla de la demagogia con la oligarquía de los bribones, presentan un tipo inestable y sedicioso, porque en ellas jamás se procura el bien común temporal (…) y no piensan sino en la procuración de bienes económicos; no el común, porque el bien del individuo-gobernante prima sobre el bien del partido, el del partido sobre el bien de la nación, el de la nación sobre el bien de los derechos internacionales y sobre el bien divino de la iglesia”.

Es, por lo tanto, una falacia grave afirmar que un pequeño grupo, al ser seleccionado por un número determinado, tiene la autoridad para actuar según sus preferencias ideológicas. Tal situación se produce debido a la existencia de una democracia liberal, que incita a la multitud a que sufraguen, participando de manera masiva en la ilusión de que están rescatando su propia vida y la de los demás. Este fenómeno se manifiesta en la creencia de que el pueblo se encuentra allí, donde el futuro de la Patria se decide al azar a través de las urnas.

A pesar de ello, las masas humanas comienzan a cuestionar la veracidad de la astuta afirmación: "La gente nos votó para que hiciéramos esto", reconociendo que carece de valor y autenticidad. Pues está quedando en evidencia que los flamantes adoradores de la democracia que hoy gobiernan no están promoviendo el Bien Común, la justicia, la armonía ni la justicia social.

Ante esto, Santo Tomás de Aquino sostiene que “desgraciadamente los hombres carecen de virtud y de cultura” (Suma Teológica l – 2, q.96, a. 2 c) y son solo materialmente habitantes de una patria; pero que se reservan el derecho pleno, eventual y condicional a designar a las autoridades, siempre y cuando la misma ofrezca las más sólidas garantías. Esas personas, en suma, deben haber probado con actos que poseen la prudencia del súbdito, esto es, la de los “hombres buenos, cuidadosos y colaboradores fieles del bien común” (Suma Teológica l – 2, q. 92, a.1). Demostrando una educación política y cívica considerable y una virtud poco común ante esas minorías que pretenden ejercer su gobernanza.

La mencionada definición implica que, en la actualidad, el ataque desde el estado hacia sectores de la población, como los ancianos, la destrucción de empleos, la burla mediática a la fe y la promoción de privatizaciones agresivas de empresas esenciales para el desarrollo económico, entre otras acciones nefastas, provocó la rebeldía de aquella prudencia del súbdito.

Pues, como se pudo apreciar y vivir, aquel que se creía que era un súbdito de este sistema ha tomado las calles para representar su fastidio y oposición ante la avanzada liberal. El gobierno de Milei ya no representa esa absolutización individual de la absolutización numérica; sucede lo que ya escribió Jordán Bruno Genta:

El éxito no es criterio de verdad ni de justicia en política. Un hecho político, por más que dure, se consolide y prevalezca, no priva, sobre todo, ni juzga, sobre todo. Debe ser interpretado y ponderado a la luz de los principios esenciales y del fin último de la existencia[3]

De a poco el pueblo, “como los granos del trigo se vuelven un solo pan, veras, Señor, a tus hijos crecer en comunidad”. La aceptación tranquila y duradera del orden liberal está en declive, lo que provoca que, como expresó José Antonio Primo de Rivera, “Ya percibimos el amanecer en la alegría de nuestro interior.”

No obstante, los aliados de la partidocracia buscarán constantemente involucrarse en dichas marchas, con el fin de apropiarse de apoyos para su partido político y distorsionar la narrativa histórica mediante expresiones como “Es necesario vencer al gobierno en las urnas y con la constitución como guía”.

Es asombroso observar cómo aquellos que utilizan tales expresiones buscan desafiar a un gobierno liberal con la "constitución nacional en la mano", a pesar de que este documento es producto de un proceso que abarca desde la derrota de Caseros hasta la finalización del Congreso Constituyente de 1853. La selección de los diputados encargados de redactar la Constitución fue una decisión arbitraria de Urquiza, quien se caracterizó por sus célebres afirmaciones de "he elegido", "he resuelto" y "he destituido".

Fueron las palabras de Alberdi: “una reforma radical en las leyes”, todo un plan para abolir el reinado criollo y católico con el fin de establecer un país dependiente del iluminismo, que tuvo terrible franqueza en Las Bases; fueron las mismas para nuestro ordenamiento constitucional, y así se ejecutó, dejando pésimos resultados hasta el presente.

Los que buscan desmantelar el régimen sinárquico que actualmente está en el poder son precisamente aquellos que afirman aprovechar las herramientas que ofrece este sistema, pues que gran contradicción están presentando.  Frente a esta incoherencia, también manifiestan que “la política tiene que resolver el actual estado socioeconómico”, dejando en evidencia que están engañando nuevamente a las personas que están padeciendo.

Ya que la actual política está dominada por la partidocracia, que constituye un pilar esencial de este estado colonial conocido como República Argentina. Caponnetto ya había abordado este tema anteriormente, señalando que "los partidos políticos actúan en contra de la justicia, especialmente de la justicia distributiva. Esto se debe a que, por su naturaleza, defienden intereses particulares, secciones o segmentos específicos. Cuando esta parcialidad se apodera del Estado, este se transforma en un instrumento de división, favoreciendo a ciertos grupos y perjudicando gravemente la promoción del bien común".[4]

Continuando con este fragmento argumentativo, los partidos políticos no se organizan en torno a los deseos de los ciudadanos de lograr bienestar, virtud y salvación, sino que buscan imponer sus propios proyectos ideológicos. Esta dinámica genera una polarización que destruye la unidad nacional, fomentando una fragmentación que se traduce en conflictos entre diferentes facciones ideológicas, a expensas del Bien Común.

Sucede lo que escribió Cicerón, en el inicio del sexto libro de su obra República, enfatizando que “cuando se dividen los ciudadanos y se declaran muchos partidos, existe sedición”.

No obstante, hoy está sucediendo totalmente lo contrario, por lo que amanece una pequeña alegría de las entrañas del criollo, una nueva esperanza vuelve a nacer. Está sucediendo lo que sintetizó Nuestro Señor con palabras de vida eterna: “Todo reino dividido en si mismo perecerá” (Mt. 12, 25).

Es decir, el mestizo criollo no solo se manifiesta en las calles en contra de las políticas del liberalismo sionista, sino que también se enfrenta a las cuestiones previamente mencionadas. Este sector del pueblo argentino se está sublevando contra la partidocracia, el constitucionalismo unitario, el voto universal, la democracia liberal y su Republica.

En palabras del sacerdote católico Leonardo Castellani: Dios no nos pedirá cuentas de las batallas ganados, sino de las cicatrices de la lucha. Los hombres, después de un tiempo, están liberándose de aquellas ataduras coloniales impuestas por las banderas ideológicas, revolucionarias y foráneas, tales como Libertad, Igualdad y Fraternidad. El régimen actual presencia con temor la Argentina Real que han intentado desmantelar durante años; la Patria Vieja está haciendo tronar el escarmiento.

No se conoce el momento exacto, ni el año ni la hora, en que aparecerá el príncipe cristiano capaz de guiar a este pueblo afligido hacia un Bien Común, honrando la Tradición y anunciando el Orden Social de Jesucristo. Ante esto, durante nuestra peregrinación por la Patria terrenal, permaneceremos firmes, como expresó José Antonio Primo de Rivera:

Nuestro sitio está al aire libre, bajo la noche clara, arma al brazo, y en lo alto, las estrellas. Que sigan los demás con sus festines. Nosotros, fuera, en vigilancia tensa, fervorosa y segura, ya sentimos el amanecer en la alegría de nuestras entrañas”.

Pues para concluir, quien este leyendo esté escrito, recuerde lo siguiente:

Quienes alcanzan la gloria celeste no son los partidocratas que amontonan los votos de la plebe, sino los que se consagran a la patria en veladas de sabiduría o en epopeyas de gloria, mas, primero han entregado su alma y con ella sus pecados a la Misericordia, que les dispensa el Sacrificio Sacramental y les da a comer el Cuerpo y la Sangre de Cristo”.[5]

El voto de la muchedumbre mato al mesías, Jesús de Nazaret

 

 

 Citas:


[1] Cobo Arberg Martin, Reforma electoral y sufragio universal, Buenos Aires, Kraft, 1944 – prologo de su obra.

[2] Caponnetto Antonio, La perversión democrática, Santiago Apóstol, 2023, pag132

[3] Jordán B. Genta, Prefacio del Traductor, en Víctor Bouillon, La política de Santo Tomas, Buenos Aires, Nuevo Orden, 1965, p. 12.

[4] Ibidem, p.158.

[5] Fragmento de una misiva redactada por Enrique Broussain y dirigida a Antonio Caponnetto. La misma se puede leer en el libro La perversidad democrática, pag 97

 

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