Pensamiento político de Vladímir Putin

Vladímir Putin es uno de líderes políticos más importantes del mundo, hace más de 20 años que controla el Estado en Rusia y siendo presidente dirigió un proceso político y económico que llevó a su país nuevamente a ser protagonista en las altas esferas de la política internacional. Pero, ¿cuales son las bases teóricas que legitiman el pensamiento y el accionar político de Putin? Por empezar debemos entender como llega al poder. Tras el colapso de la Unión Soviética en 1991 y en solo una década, Rusia pasó de manera traumática de un sistema socialista a un modelo capitalista, con una apertura indiscriminada de su economía, con privatizaciones, el surgimiento de las oligarquías y la "crisis del rublo" en 1998.
Todo esto se dio bajo el gobierno de Boris Yeltsin (1991-1999) quién había llevado un modelo político y económico de corte liberal, al estilo occidental y manteniendo un gran acercamiento a los EE.UU.
Entre 1998 y 1999, Boris Yeltsin cambió hasta cuatro veces de primer ministro, el último de los cuales era Vladímir Putin, un ex agente del KGB y sin tanta experiencia política. En 1999, Borís Yeltsin en medio de la crisis, dimite y nombra a Vladímir Putin como su sucesor. Luego ganaría las elecciones del año 2000.

Como respuesta a la situación descrita, en la Rusia de Putin se inició poco a poco una corriente de pensamiento de corte anti-occidental y exaltación del pueblo Eslavo a nivel interno. Se inició una política exterior cada vez más marcada por el intento de retorno de Rusia a la posición de actor global, por el potencial de sus recursos, su arsenal nuclear, su capacidad de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU y, finalmente, por el peso de su pasado de gran potencia.

Putin considera que Rusia tiene un camino espiritual propio, rechaza el individualismo anglo-sajón, sobre todo de EE.UU. y condena la decadencia moral de Occidente. Enfatiza la fuerza e importancia del Estado y hace hincapié en su aspecto social y comunitario, contrarrestándolo con el individualismo occidental.

El Concepto de Seguridad Nacional de Rusia (NSC, National Security Concept) del año 2000 enfatiza la necesidad de renovación espiritual del país.
De acuerdo con ese documento, Rusia afrontaba una doble amenaza: internamente, por la devaluación de los valores espirituales que produjo tensión en la relación entre el centro y la periferia y externamente por la penetración religioso-cultural de otros estados en el territorio ruso. Para eliminar esos riesgos de la seguridad nacional, la NSC llamó a la protección del legado cultural, espiritual y moral, a la creación de una política gubernamental en el campo espiritual y de educación moral de la población y a contrarrestar la influencia negativa de las organizaciones religiosas y misiones extranjeras.

Putin admira a Serguei Uvárov (1786-1855), un intelectual y político de la Rusia zarista. De el rescata tres conceptos: ortodoxia, autocracia y nacionalismo. Que considera importantes reintroduciéndolos en la sociedad actual, junto con algunos elementos del pasado reciente que convenían a la causa y debían ser rescatados, entre otros la idea de Estado fuerte, la industrialización y la consideración de potencia mundial que se había legado de la URSS.

El resultado ha sido la creación de una nueva identidad nacional, tratando de encontrar su propio espacio y eso es lo que ha proporcionado Putin a la población.

Primero, Putin promovió el ideal del Estado autocrático tradicional ruso. Este tiene tres pilares: incrementar el territorio y el poder militar, alcanzar un prestigioso estatus internacional, y sustentarse en el poder personal del líder. Es decir, el propio presidente es el motor y la clave del proceso de crecimiento de Rusia.

Segundo, se alentó desde el poder un patriotismo exacerbado, con recuperación de los símbolos patrios.
El nacionalismo ruso comenzó a aumentar junto con la propagación de la influencia de la Iglesia ortodoxa en la sociedad y la disminución de la influencia de otros grupos religiosos. En términos de relaciones entre la Iglesia y el Estado, este privilegio del estatus de la Iglesia ortodoxa en la sociedad rusa marcó el comienzo de una alianza política entre la Iglesia y el Estado ruso que se ha vuelto cada vez más estrecha y formalizada bajo Putin y que ha sido beneficiosa para ambas partes, un nexo de corte más nacionalista que espiritual y de mutua conveniencia para ambas partes.
Ambos poderes se reconocen como diferentes, uno es espiritual y el otro temporal, pero con zonas de total autonomía el uno con el otro, pero con una zona de interés común.

 Hay que añadir también filósofo Ivan Ilyn (1883-1954), ya que es a quien el líder ruso ha convertido en uno de los pensadores de referencia y al que cita en los discursos más importantes. Ilyn se inscribe en la tradición del pensamiento religioso influido por el idealismo alemán. Este filósofo exhortaba a construir una nueva "idea rusa" que debía ser la idea del pueblo, es decir la democracia rusa. Se precisa una idea nueva, religiosa en sus fuentes y nacional por su sentido espiritual. Solo una idea semejante haria renacer y refundar a Rusia.
Si lo observamos en la práctica, sobre la base de los tres principios mencionados, las medidas de Putin fueron encaminadas a retomar el poder y el control del aparato del Estado. También en esta etapa se refuerza el control a los oligarcas y disidentes políticos, se recupera la dirección de la economía y su principal sector, el energético, de manos de los oligarcas, pues se necesitaban recursos para apuntalar la economía del país y fortalecer a las fuerzas armadas, para lo que se incrementó el presupuesto de defensa y se dio un gran impulso al complejo industrial militar.

Putin concentró su atención en los grandes medios de comunicación privados. La "Doctrina de seguridad en la información" del año 2000, reconoce el derecho a la libertad de expresión y de información, pero enumera en detalle una serie de peligros para el interés nacional, en particular, la circulación de información falsa sobre acontecimientos dentro y fuera de Rusia.

Las ideas básicas de Putin vendrán formuladas en 2005, cuando hace mención del concepto de "democracia soberana".
Este concepto como lo planteó el presidente ruso, expresa la idea de que cada pueblo tiene el derecho a elegir la forma de gobierno que más se adecua a sus condiciones locales específicas en vez de a un estándar democrático universal, rechazando por tanto las críticas occidentales al sistema democrático en Rusia, considerándolas como una amenaza a su soberanía.

En lo que respecta a política internacional, el deterioro definitivo con Occidente se produjo a raíz de la expansión de la Alianza Atlántica hacia Europa del Este y las Repúblicas Bálticas, que fue tomada por Rusia como una traición a las promesas de no inmiscuirse en la antigua esfera soviética realizadas por la OTAN con motivo de la disolución del Pacto de Varsovia, y sobre todo de la "revolución naranja" de Ucrania de 2004, que fue considerada por Moscú como una ofensiva liderada por EE.UU para contrarrestar la influencia de Rusia. Estos acontecimientos marcaron el surgimiento de una política exterior de afianzamiento regional.

En la participación de la Conferencia Internacional de Seguridad de Munich, en 2007, Putin culpó a Occidente de la inestabilidad internacional y advirtió de los riesgos de seguir por el camino del mundo unipolar, en detrimento de un mundo multipolar y expresó que el nuevo orden mundial debería ser aquel en el que cada Estado nacional tiene la libertad de escoger los principios por los cuales debe regirse, pero no tiene el derecho de imponer esos principios a nadie. En palabras suyas: "EE. UU. quiere imponerle a los demás Estados su pensamiento en todas las esferas, la económica, política y en el ámbito humanitario"

Putin está decidido a restablecer el estatus de gran potencia de Rusia y a reafirmar la hegemonía de Moscú sobre los territorios post-soviéticos. En 2008 y tras el avance de las tropas de Georgia sobre Osetia del Sur, Rusia  invadió Georgia, entre varias causas, para impedir su entrada en la OTAN, medida política que luego repetiría en Ucrania en 2014.

Putin pudo imponer un discurso en el cual Occidente quiere imponer sus valores ante la tradición nacional rusa. Occidente es la comparación que Rusia necesita para reafirmar su propia identidad. Putin pudo personificar en Occidente todos los males que le ocurren a Rusia.

Con este modelo ruso basado en preceptos filosóficos de diversos intelectuales, potenciados con la exaltación de los valores patrios de tradición imperial, pero también soviética, Putin ha restablecido el orgullo nacional y ha reclamado para Rusia la consideración de actor global.

Fuentes:

"Vladímir Putin y la nueva identidad distintiva rusa" de María Luisa Pastor Gómez.

"Rusia la grandeza recuperada" de Le Monde Diplomatique.
 

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