Este pequeño escrito pretende
contribuir en la tarea colectiva de tomar conciencia sobre nosotros mismos, de
conocernos como individuos que se reconocen dentro de un conjunto con características
propias. A través de la reflexión sobre el poco conocido proyecto de monarquía
incaica presentado por Belgrano el 9 de Julio de 1816 en Tucumán, y la
comparación territorial o geográfica entre aquel momento y la actualidad,
pretendemos difundir el conocimiento sobre los grandes acontecimientos
históricos, desde una revisión de la observación de la historia entendida como
“oficial”, es decir, la que se transmite tradicionalmente
En el Congreso de Tucumán, Manuel
Belgrano propone coronar a un descendiente del trono de los Incas y logra apoyo
de San Martin y Güemes entre otros. En Tucumán se ponen de acuerdo en que los
vínculos con España debían romperse. Pero no se define qué forma de gobierno
adoptaríamos. Existe un proyecto, presentado por Manuel Belgrano –que hizo
muchas cosas además de crear la bandera- que fue ocultado y silenciado por
muchos historiadores. Afirma “la dinastía de los incas por la justicia que en
si envuelve la restitución de esta casa despojada del trono por una sangrienta revolución,
que se evitaría para en lo sucesivo con esta declaración, y el entusiasmo
general que se poseerían los habitantes del interior”. Si bien no era
congresista, fue invitado especialmente para que contase su experiencia en
Europa cuando viajo en misión diplomática, y contaba “les hable de monarquía
constitucional con la representación de la casa de los inkas: todos adoptaron
la idea.” El principal objetivo del proyecto era crear un gran Estado
americano, reconciliando la revolución porteña con Europa, y principalmente con
su ámbito americano, que transformaría definitivamente la revolución municipal
en un movimiento de vocación continental.
Por entonces, Manuel Belgrano se
presenta en el Congreso de Tucumán y propone durante sesiones secretas coronar
a un descendiente de la casa de los Incas para que gobierne los territorios del
antiguo virreinato. Este proyecto fue juzgado como absurdo y sin base real por
la Historia oficial. Bartolomé Mitre lo caracterizo como “extravagante en la
forma e irrealizable en los medios (…) tenía su razón de ser en la imaginación
y no en los hechos, que a veces gobierna a los pueblos más que el juicio”. Cabe
preguntarse si esto fue así, ¿Por qué se dedicaron tantas sesiones a debatir
ese tema?, ¿Por qué obtuvo el apoyo de gran parte de la población? En esos
días, los pueblos originarios se mantienen atentos y preparados para defender
por las armas esta propuesta. Si pensamos que la mayoría del territorio del
noroeste y del Alto Perú era de los pueblos originarios, no nos sorprendería
que esta idea haya tenido tanto apoyo.
Pero Buenos Aires muestra su racismo
representado en el diputado Tomas Manuel Anchorena. Afirma entonces, que
resulta impensable que una “casta de chocolate nos gobierne”. Este mismo
relata: “nos quedamos atónitos con lo ridículo y extravagante de la idea, pero
viendo que el general (Belgrano) insistía en ella y que obtenía el apoyo de
muchos congresales debimos callar y disimular el sumo desprecio con que
mirábamos tal pensamiento”. Desde esta concepción boicoteara este proyecto
presionando para que el Congreso continúe sesionando en Buenos Aires, lejos del
pueblo mestizo e indígena. La burguesía comercial porteña rechazo el proyecto y
la prensa lo tomo en forma irónica realizándole diversas bromas.
El ocultamiento de este proyecto fue
tan profundo que la clase dominante argentina logro desvincular nuestra
historia de la historia de los países hermanos como Bolivia. Desde algunas
interpretaciones se cuestiona: ¿Qué tiene que ver nuestra historia con la de Bolivia,
Paraguay y otros países de la región? Desde otras interpretaciones como la
presente, la unidad de las repúblicas latinoamericanas y la participación
protagónica de los pueblos originarios son evidentes, así como necesarias para
la comprensión de estos procesos.
Había varios candidatos posibles a
convertirse en el monarca del proyecto de Belgrano. Uno es Dionisio Inca
Yupanqui, nacido en Cuzco y educado en España, con experiencia militar e
ideológica similar a San Martin, Coronel de un Regimiento de Dragones de
España, y diputado en las cortes de Cádiz en 1812. Otro fue Juan Bautista Tupac
Amaru, hermano de José Gabriel. El proyecto quedo sin aplicación y una vez que se decidió el traslado del
Congreso a Buenos Aires, desde donde gobernaría el Director Supremo, fue
directamente desechado.
Hacia 1814 Fernando VII, cuando Napoleón
es derrotado y regresa al trono, lejos está de cumplir las expectativas de su
pueblo. Toma una postura conservadora, reprime las revoluciones en España y
envía tropas a controlar a los “rebeldes” americanos, que en su ausencia se
habían animado a formar sus propios gobiernos. Es en este momento que los americanos
descubren que no tienen otro camino que la independencia: si quieren continuar
con la lucha por una sociedad más justa, era necesario romper definitivamente
con España. En el Rio de la Plata se decide convocar a un Congreso para debatir
este tema y declarar la independencia.
Luego de largos debates, se determina que sea en Tucumán. Pero, ¿Por qué en
Tucumán? Pensando desde nuestro presente resulta extraño imaginar que un hecho
tan importante haya ocurrido allí en relación al tamaño y relevancia de la
actual provincia, más aun desde un punto de vista continental, sin embargo, en
aquella época, el noroeste argentino era la zona más importante de todo el
territorio, ya que concentraba el 80% de la población y mayores recursos
económicos. Esto ocurría por su cercanía al Alto Perú (Bolivia) que con sus
minas de plata era una de las zonas más ricas de toda américa.
¡Que contradicciones las de Nuestra
historia! El país más rico en el pasado se convirtió en uno de los más pobres y
explotados del siglo xx. ¡Tuvieron que pasar casi 200 años para que un Aymara
llegara al gobierno! Como dice Galeano, “la riqueza de la naturaleza es la
pobreza de los pueblos”. Frente a tanta riqueza natural los países
imperialistas no dudan en obtenerla usando la violencia o cualquier medio que
consideren necesario. Suele desconocerse a veces, que de las doce provincias
que participan en el Congreso del 9 de Julio, tres de ellas pertenecen hoy a
Bolivia: Charcas, Mizque, y Chichas.
Pero como, ¿no se declaró la
independencia argentina? Tal vez se pregunte alguien. Pues no. Las Provincias
Unidas del Rio de la Plata no estaban integradas por las actuales provincias
argentinas: la Patagonia y la región Chaqueña aun eran territorios libres en
poder de los pueblos originarios, y las Provincias del Litoral y el Uruguay
formaban la “Liga de los Pueblos Libres” gobernadas por Artigas, que como había
sido injustamente declarado “traidor” por Buenos Aires no asistió al encuentro.
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