El Congo Belga: un crimen del imperialismo capitalista

El Congo Belga, una de los escenarios más trágicos y violentos del imperialismo capitalista que se vivió a fines del siglo XIX y principios del siglo XX. Todo áfrica estaba el yugo europeo pero el Congo Belga se destacó sobre el resto, y en esta historia resalta Leopoldo II, rey de Bélgica durante el periodo 1865-1909. Bélgica bajo el mando de este monarca quería seguir la pauta de otros países europeos, que envidiaban los extensos imperios coloniales de Gran Bretaña y Francia y trataban de emular a estas potencias.


Leopoldo II dirigió sus ojos a la cuenca del rio Congo, sobre la cual ninguna potencia había puesto sus manos. El monarca se dio cuenta que para no levantar sospechas debía disfrazar su interés por este territorio con una retórica científica y humanitaria, así en 1876 patrocinó la “Conferencia de Geografía de Bruselas”, que debía fijar las rutas que se abrirían al interior del territorio, instalando bases científicas y de pacificación, combatir la esclavitud, hacer acuerdos con los jefes locales y arbitrar entre ellos. En este contexto invitó a Henry Morton Stanley, periodista estadunidense, un viajero veterano de África. Entre 1879 y 1884, Stanley recorrió el Congo financiado por el rey belga. Se fundó la ciudad de “Leopoldville”, estableció puestos y firmo cientos de tratados forzados y engañosos con los congoleños donde estos perdían sus tierras. De este modo, de manera encubierta le ganó la carrera a franceses, portugueses y británicos en la región. En 1885, la Conferencia de Berlín reconoce a Leopoldo II como el soberano del “Estado Independiente del Congo”. Así el rey, mezclando sus funciones de monarca con las de inversor privado, comenzó a edificar en esta parte de África una entidad territorial artificial. Este supuesto “Estado independiente” debía ser neutral, con libertad de comercio, inicialmente sin tasas aduaneras y prohibir la esclavitud. Para explotar su nueva posesión, Leopoldo II usó su propia fortuna, y en 1887, para su gestión financiera creó la “Compañía del Congo para el Comercio y la Industria”. Este suceso, fue un caso insólito, nunca antes una posesión colonial había pertenecido a una sola persona.

El rey Leopoldo II

Con los funcionarios belgas comenzaron a llegar al Congo empresarios, comerciantes y misioneros, atraídos por ganancias y evangelizaciones fáciles, los europeos podían instalarse sin autorización y sin rendir cuentas a nadie. Había tierras de la Corona Belga, del Estado y de las empresas privadas, a las que se añadían las llamadas tierras vacantes, propiedad del rey o que se cedían para la explotación de recursos tales como Caucho y el marfil.
El caucho marcó a fuego la historia del Congo, su demanda creció imparablemente durante la década 1890, cuando los países industrializados empezaron a consumir este material como aislante de cables eléctricos o telefónicos, pero sobre todo para las llantas de todo tipo de vehículos. En 1900 se consumían 40 mil toneladas de caucho procedente a partes iguales, de Brasil y África Central. En el Congo, el caucho se obtenía de las enredaderas silvestres en la selva. Para recoger esta materia prima, los hombres debían dejar sus pueblos y eran forzados a trabajar violentamente, se les secuestraba a sus familias, se les disparaba o se les cortaba las manos para que accedieran. Se exigían de 3 a 4 Kg de caucho por persona cada 15 días. El Congo pasó a ser la colonia más rentable por la explotación económica que se imponía. En 1897, se invertía 1,35 francos por kilo de caucho y se vendían a 10 francos en Bélgica. Era una ganancia de 741 %.

Extracción del Caucho

También se explotaba la industria del marfil. En 1887 se extraían 30 toneladas de Marfil, pero en 1903 había aumentado a 5900 toneladas. Entre 1884 y 1904 se obtuvieron 445. 000 colmillos de elefante, lo que implica la matanza de 222.500 elefantes.

La explotación de Marfil fue brutal en el congo

Esta época de recolección frenética fue el momento culminante de trabajo forzado y de la mortandad humana y animal. Le siguió un periodo de plantaciones (café, palmito), con la imposición de monocultivos y el expolio de los agricultores africanos. Siguió un periodo minero de explotación minera entre 1908 y 1910.
Para controlar la colonia se creó en 1887 una fuerza armada, la Force Publique (FP), de siniestra fama. Estaba compuesta por delincuentes, hombres desarraigados, esclavos huidos y mercenarios extranjeros. Esta fuerza estaba mandada por europeos, y reprimió violentamente cualquier tipo de rebelión y acabo con las ultimas entidades independientes y tribales.
Las jornadas laborales eran de 12, 14 o 16 horas diarias. Eran encerrados en aldeas semejantes a campos de concentración. Si huían y eran capturados, se los castigaba o ejecutaba, si no los belgas se apoderaban de sus hijos o mujeres, a quienes se les negaba el alimento, eras violadas o mutiladas. Además, tenían que pagar un elevado impuesto en especie, trabajo o dinero. Quienes se negaban a pagar eran torturados, se les amputaba una mano o eran asesinados. La mortandad era muy grande, las hambrunas eran frecuentes, y además los belgas habían prohibido la “solidaridad tribal” que garantizaba ayuda en momentos de escasez de alimentos.

La amputación de manos era normal en el Congo Belga

El trabajo forzoso de poblaciones, las guerras y la malnutrición causaron graves epidemias y difundieron las enfermedades infecciosas en un contexto de nula atención sanitaria, lo que llevó a despoblarse extensos territorios. Entre esas enfermedades se puede nombrar a la enfermedad del sueño, la viruela, la gripe porcina y la disentería amebiana.
Historiadores y estudiosos del tema han establecido una mortandad de más del 50 %, entre 9 y 10 millones de personas sobre 17 millones de habitantes. La población no comenzó a remontar hasta la década de 1930.
El monarca Leopoldo obtuvo una gran fortuna explotando y saqueando los recursos del Congo, aproximadamente unos 50 millones de francos oro desde 1898 a 1908. Recién en 1908 el rey acepto anexar el Congo a Bélgica, pero un año después, en 1909, Leopoldo moría a los 74 años, dejando un legado de terror y muerte que hasta nuestros días se recuerda como símbolo del imperialismo capitalista.

Fuente:

Trascripción del texto de Caranci, Carlo, "El Congo Belga, tragedia en el corazón de África".

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