Portugal: el ajuste no es el camino

La economía portuguesa marcaba graves signos de recesión y crisis. Comenzaron a desmoronarse las distintas variables económicas, los salarios sufrieron recortes y se duplicó el desempleo. El gobierno de Lisboa tuvo que recurrir al rescate de los organismos internacionales de crédito para afrontar la situación. El país se enfrentaba a una profunda recesión, que siguió a una década de crecimiento débil y acumulación de desequilibrios graves, tanto internos como externos. La caída del empleo, el paro y la emigración fueron las principales consecuencias sociales. Las restricciones a la financiación llevaron a una fuerte recesión.


En 2014 y 2015 surgirían señales de recuperación, que se mostraron débiles y efímeros. En vista de que se seguía agravando la miseria, Portugal dió un giro inesperado en su política económica: en 2015 dejó de aplicar las medidas de austeridad impuestas por sus acreditantes europeos y marcó con ello el inicio de un círculo virtuoso que ha permitido a su economía registrar cierto crecimiento de nuevo. Contra todas las recomendaciones del FMI, principal poseedor de la deuda del país, el gobierno eliminó los recortes a los salarios, a las pensiones y a la seguridad social; además, comenzó a ofrecer incentivos a las empresas en miras a un aumento de las exportaciones, para mitigar la rave restricción externa.

Según las declaraciones de algunos de los funcionarios del gobierno portugués, explican su éxito de la siguiente manera: “no recortamos pensiones, las subimos; no aumentamos impuestos, los bajamos; creamos y devolvimos ingresos". Podemos decir hoy que sí, Portugal consiguió pasar la página de la austeridad y de las dudas".
Portugal vería un cambio rotundo en su economía en la segunda mitad de 2016, cuando el crecimiento llegó al 1,6% a finales de año, y aceleraría hasta el 2,7% en 2017, con un alza del 9% en la inversión y un 7,9% en las exportaciones. El empleo creció un 3,5% a finales de 2017 y el paro cayó al 8%. Todo esto, con crecimiento salarial y reducción del porcentaje de empleo precario. Tras seis años consecutivos de regresión, el número de empleados ha vuelto a aumentar desde finales de 2016.
El déficit fiscal de 11% del PIB en 2010, se redujo increíblemente al 0,5% de 2018, mientras que el balance primario (sin contar los intereses de la deuda) será el más alto desde 1992. Esta mejora en el desequilibrio en las cuentas públicas ha permitido que la deuda pública pase desde el 133% del PIB hasta el 124%.

Mientras que otros países como Grecia e Irlanda (y también Portugal anteriormente) se apegaron a las medidas de ajuste tradicional del FMI, el gobierno portugués al final se resistió a las presiones y con ello impulsó una recuperación que el año pasado resultó en las cifras de crecimiento económico más altas en una década. Dicha recuperación es evidente en casi todos los sectores. Se han inaugurado muchos hoteles, restaurantes y tiendas debido al aumento en el turismo, lo que a su vez ha ayudado a reducir el desempleo a la mitad. En el barrio capitano de Beato, a partir de los restos de una fábrica militar abandonada, se erigió un enorme complejo de empresas emergentes. Bosch, Google y Mercedes-Benz abrieron hace poco oficinas y centros de investigación digital en ese lugar, que crearon miles de empleos.

La inversión extranjera en los sectores aeroespacial y de la construcción, entre otros, ha alcanzado cifras récord. Por su parte, las industrias portuguesas tradicionales, como las fábricas de papel y textiles, están invirtiendo en áreas de innovación y promueven el auge de las exportaciones.
“El caso de Portugal demuestra que, si se exageran las medidas de austeridad, terminan por agravar la recesión y crean un círculo vicioso”, enfatizó el primer ministro António Costa en una entrevista.
Costa llegó al poder a finales de 2015; es un político de centro-izquierda que prometió eliminar los recortes a los ingresos que había autorizado el gobierno previo para reducir el enorme déficit de Portugal, como parte de las disposiciones del rescate internacional de 78.000 millones de euros (90.000 millones de dólares). Costa formó una alianza inusual con partidos de ideología comunista y de izquierda radical, que no habían accedido al poder desde el fin de la dictadura en Portugal en 1974. Se unieron con el propósito de eliminar gradualmente las medidas de austeridad, pero sin caer en un desbalance contable para evitar contravenir las normas de la eurozona.
Los ingresos provenientes del crecimiento espectacular del turismo son otro factor clave en el desarrollo. La llegada de turistas alcanzó un nuevo récord en 2018 tras alcanzar los 12,8 millones de llegadas, mientras que el peso en el PIB de esta sector ha pasado del 13% de 2010 a superar el 17,3% con un crecimiento progresivo. El turismo y la llegada de extranjeros cualificados o con elevado patrimonio también ha impulsado el mercado inmobiliario del país.

El turismo, un factor clave de la recuperación económica

El stock de deuda pública cayó 4,3 puntos básicos (la mayor reducción en 20 años) y el desapalancamiento del sector privado ha hecho que la deuda de este en 2017 haya caído 44 puntos básicos respecto a su máximo en 2012.

Este exponencial crecimiento le ha permitido al país incluso saldar las deudas con el FMI de forma anticipada, lo que probablemente también ha contribuido a que los halagos más intensos hayan llegado desde el organismo presidido por Christine Lagarde, a pesar de haber contrariado las recomendaciones del organismo, que pretende imponer medidas de ajuste ortodoxo a los países deudores.
"Portugal le ha mostrado a Europa que hay otro camino”, dijo, orgulloso, el diputado socialista Joao Galamba a DW. "Gracias a que terminamos con la política de austeridad, el país va ahora por el camino correcto. La gente está mejor”, añadió.
Sin embargo, según el economista Joao Duque, la recuperación se debe, sobre todo, a una coyuntura global favorable, a la política de cero intereses del BCE, y a un auge turístico nunca antes visto. "Bajo esas condiciones es fácil disminuir el déficit. Pero nuestra deuda aumenta todos los meses, e incluso si bajase porcentualmente, gracias al crecimiento económico, de algún modo hay que pagarla. Si vuelven a aumentar los intereses, tendremos un verdadero problema”, explica el experto.


Los funcionarios europeos admiten que Portugal quizá encontró una mejor respuesta a la crisis. Hace poco, como recompensa para Lisboa, designaron al ministro de Finanzas portugués Mário Centeno, quien participó en el diseño de los cambios aplicados en el país, como presidente del Eurogrupo, formado por los ministros de Finanzas de la eurozona.
El Primer Ministro no ha querido aumentar la inversión pública para lograr reducir el déficit público. Para cimentar el ciclo de crecimiento, el gobierno ha decidido canalizar sus limitadas inversiones a iniciativas específicas, como exenciones fiscales para empresas extranjeras y capacitación para los desempleados.
El desafío para Portugal radica muy posiblemente en canalizar los recursos disponibles en aumentar sus exportaciones de mayor valor agregado, con el objetivo de obtener recursos del mercado internacional, al mismo tiempo que debe bajar su déficit para no aumentar su deuda, que sigue siendo de un volumen preocupante, manejando las presiones sociales que exigen mejores condiciones salariales.

Fuentes:

https://www.cronista.com/financialtimes/Portugal-salio-de-la-crisis-aunque-le-dijo-no-a-la-austeridad-20190415-0003.html

https://www.nytimes.com/es/2018/07/26/portugal-austeridad-recuperacion/

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